Tuesday, March 18, 2014

Gongue, de Marcelo Cohen (Interzona)

El agua y yo
Sublime relato de cavilación acuática.


El Delta Panorámico es un mundo cada vez más amplio, más nutrido, más detallado y complejo. Vive medio disimulado en un pliegue de este mundo, cuyo plano de obviedad, de evidencia, acaso lo muestra como una línea mas –“la obra de Marcelo Cohen”-, pero alinearse con esa línea permite ver su profundidad y su extensión. En ese delta futurista que tiene sus propios lunfardos, su propia ciencia y técnica y su propia botánica, entre tantas cosas, y que ha dado una novela fundamental de la literatura contemporánea argentina como Donde yo no estaba, ahora hay una inundación: el agua crece y es todo agua la comarca donde habita Gabelio Támper, quien queda a cargo de cuidar la finca del dueño, su “heredad” sumergida, cuidarla de la desesperación de los que se quedaron sin nada pero consiguen algún bote y “ni a ras del agua les da tregua la esperanza que empuja”. Gabelio queda solo, en un promontorio artificial. “No importaba tanto que los rapiñeros robaran o no, como que hubiera la ilusión de que no robaran”, “que de la certeza del agua se hiciera una ilusión de orden”.
“Hube de hablar yo por el silencio de las cosas”, dice Gabelio, y comienza a repasar sus creencias, y a preguntarse. Cualquier hombre a solas con el agua es capaz de la más alta poesía, parece ser premisa de esta novela, o mas bien cuento largo: setenta y cinco páginas de texto rayanas a la perfección; una cumbre de hallazgos en medio de la pura y marrón fluidez; ante la homogeneidad cruel del agua, que “prefiere ser igual a si misma que tener una forma”, Gongue pare multitud de hallazgos eternos. Cuando la literatura es arte, y no mera técnica narrativa, elabora una sensibilidad y unas imágenes que son interlocutores del mundo cuando pega sus cambios.


[RS 12/2013]

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