Wednesday, January 23, 2008

Pedro Mairal


GENERACIÓN JOVEN
[Arranca Mairal:] A la que llaman nueva generación de escritores suele criticársele ser apolítica, pero ¿cómo se mide lo político de un acto? No es una generación militante. Aunque no sé, mucha gente de nuestra edad milita. Además, las palabras que elegís cuando escribís, la ropa que usás, todo tiene una dimensión política. No sé, el rol del escritor ha cambiado mucho. Todo se vuelve muy borroso. Ya nadie te va a llamar por teléfono para preguntarte tu opinión sobre los asuntos nacionales; el escritor dejó de ser un intelectual que opina sobre la actualidad. A los jóvenes se les inquiere quiénes son, qué piensan, qué van a hacer con el mundo, desde una mentalidad setentista.
Todavía hay alguna gente que cree que la literatura es una cosa prestigiosa, pero mayoritariamente no interesa. La literatura desde un punto de vista colectivo, aquel rol aquel de cristalizar en imágenes e historias una especie de inconsciente colectivo, no existe más. Durante el boom de los sesenta, la gente viviendo bajo las dictaduras se encontraba dicha por las novelas que leía de Cortázar, Vargas Llosa, eran libros que de algún modo enunciaban toda una experiencia general, o generacional. Ese público lector se diluyó, ahora mira sitcoms y Lost. Estamos librados, sueltos, y liberados, porque ser la voz de la conciencia colectiva es también un peso muy grande. ¿Vos qué pensás de esto de la nueva generación?
Para empezar, a vos te reclaman de dos generaciones....
Es un corte raro porque nací justo en el 70. Yo recién ahora me siento un poco parte de una generación, pero por la cuestión de jugar al fútbol juntos, encontrarnos en los blogs, más como una cosa de camaradería que de manifiestos en común. Después a la larga seguramente se verá cuáles eran los rasgos en común, pero me parece difícil de detectarlos ahora.
Daniel Freidemberg escribió en Ñ que para las generaciones jóvenes el texto importa menos que las reuniones que suscita.
Es genial la frase de Lamborghini: primero publicar y después escribir. Hay una cosa así de “armo un blog donde pongo cosas de mis amigos”, pareciera que no hay una obra detrás, pero no sé. Todavía se considera al blog como género muy menor, muy lateral, nadie considera que eso es palabra escrita, como si estuviera condenado a ser algo muy en borrador. Es un prejuicio enorme, para la opinión general ni siquiera es una rama bastarda de la literatura. Y cada generación tuvo sus estrategias de promocionarse, de mostrarse, circuitos, revistas. La generación de los surrealistas tenía la revista A Partir de cero, la generación de Pellegrini, Molina, Madariaga, también estaba Girondo. Siempre hay cofradías, tertulias, grupitos chicos. Quizá lo interesante ahora es que se trasladó lo que existía en los noventa en poesía a la narrativa, los ciclos de lectura, los encuentros. Quizá de lo que se dieron cuenta los narradores y ya sabían los poetas es que si no nos leemos entre nosotros no nos va a leer nadie. La idea del escritor masivamente leído, que vendía cinco mil ejemplares, no existe más, los libros ahora venden setecientos ejemplares y ya se festeja su incidencia en el campo cultural. Nos volvimos todos igualmente pobres a nivel llegada, y eso produce algo sano, un roce, un intercambio muy rico de leerse mutuamente, compartir textos cortos. Y Damián Ríos, que sí era de esa generación de poetas, cuando funda Interzona me parece que traslada esa dinámica de las lecturas, de la tribu poética, a la narrativa.


POLÍTICA, RUIDO Y SILENCIO
Además políticamente lo que pasa es mucho menos claro que en los setenta para todo el mundo, si te ponés a preguntar, algunos son medio chavistas, hay de todo.
Otra diferencia es que hoy cada uno tiene su opinión sin implicar una participación activa en un “proyecto de sociedad”, como en los setenta. Antes los escritores se inscribían en uno u otro “objetivo” .
Ahora no hay enemigos tan claros, ¿no? Hay como una violencia transpolítica. Los viejos que se mueren abandonados en sus departamentos, la soledad, los adictos a internet, una violencia de la falta de atención, del abandono del Estado si querés. Es un enemigo invisible. Es difícil escribirla, está pero es difícil de ver.
En El año de desierto escribiste ese fragmento donde un comatoso tararea, inconciente, la musiquita de telenoche
Es como si fuera parte de su banda sonora cerebral. El otro día estaba en la sala de espera de Medicus, y estaba la tele prendida, viste que ahora es muy difícil encontrar lugares sin tele prendida. Y pensaba que la gente cuya labor está vinculada a la palabra o a algún modo de expresión, elige su discurso; quizá está hecho de pequeños fragmentos de otros discursos, pero es un discurso propio, mientras que el que no hace eso, está atravesado por montones de discursos. La voz de Tinelli como banda sonora del mundo. La publicidad, el cine, estas series que empezaron con Gasoleros, Son de Fierro, la radio, todo el ruido del discurso que suena todo el tiempo, son discursos que los hablan y los dicen. Es el ruido del mundo.
Venía para acá y en el bondi sonaba la voz de Ari Paluch; esos tipos son las voces con autoridad actuales, en el sentido de en la escena donde hablan, legitimada por los miles de oyentes, tienen la última palabra.
El pensamiento de la gente está cruzado, conducido por esas voces. Hay un miedo general al silencio, se busca evitarlo, termina pareciendo violento el silencio, nada más violento que hacer un silencio en la tele. Cuesta mucho apagar todo, hacerse un silencio y tratar de pensar uno.

BLOGS, INMEDIATEZ Y CINTURA PARA ESCRIBIR
Hay que ver qué va a ir pasando con los textos que circulan en la web, que también están llenos de ruido, llenos de links...
Ah, dijiste “qué va a ir pasando” y yo entendí “qué byte pasando”.
Ja, sí, todo byte, no va a quedar nada más. Lo de los blogs no lo digo con un tono nostálgico. Creo que se va a generar algo nuevo a nivel discurso: mucho link, mucho copy paste, mucho texto en tercera dimensión que te lleva a otro texto.
Esa inmediatez con “lo que me pasó hoy”, no? En En celo un poco se ve ese hábito blogger como de diario, de escribir lo que a cada uno le pasó en el día.
Hay una cosa de inmediatez en el blog. Cositas chicas que pasaron. Y sí, está en el libro. Con asteriscos que separan fragmentos cortitos. Es distinto a la sensación de novela como el tiempo total, el concepto de la vida entera. A mí los cuentos que más me gustan son aquellos donde percibís que concentrada ahí está la vida entera de una persona. A veces eso lo logra la poesía en dos versos. Dylan Thomas dice “la pelota que tiré una mañana en el parque todavía no ha tocado el suelo”, y está ahí toda su infancia. Tal vez un riesgo sería quedarnos en una literatura anecdótica, casi atemporal, sin carga de tiempo, que a mí es lo que más me interesa en el mundo en el arte.
Ojo que lo anecdótico también puede tener un peso muy grande, buenas observaciones. Después, el riesgo de caer en una literatura hiper coloquial. Salinger escribe El Cazador oculto de manera muy coloquial, pero en una entrevista el decía que esa coloquialidad le tomó mucho trabajo, no es simplemente una transcripción directa de la forma en que habla la gente, sino captar lo que hay de gran capacidad expresiva en lo coloquial.
Y después como otro polo está la literatura autorreferencial, aburrida, polvorienta, que se mira el ombligo, escrita para estudiantes de la UBA, para Puán...
Monografías disfrazadas.
Sí, monografías disfrazadas que creo que hasta Piglia llegan bien, lo hacen bien. La línea de cruzar ensayos con narrativa, Macedonio, Borges. Hasta Aira lo tolero, porque además Aira es capaz de autodestruirse: mete un ensayito en medio de una novela y luego lo autodestruye. El polo ese sería una literatura que pretende ser muy intelectualosa en el peor sentido de la palabra. Marcelo Cohen la llamó hiperlitaratura.
En mi caso, habiendo tenido una educación bastante clásica, de la estructura del cuento, de la escritura bastante correcta, me viene muy bien un poco más la infraliteratura, una especie de exorcismo. No porque yo pueda escribir como la hiper literatura, no es un peligro para mí, pero sí hacer textos muy acartonados, aburridos, ya encorsetados dentro del corredor de la literatura.
Esos serían los dos polos. Pero todo el tiempo se está jugando esa dinámica. No estás en un línea fija. Dentro de un mismo texto te movés. Es darle lo que pida la historia. Si pide algo sesudo, intelectual, permitirlo; tratar de que entre todo con naturalidad. Si de golpe viene una parte brutal, carnicera, que venga también. Como una disposición, estar dispuesto. Che, me están dando ganas de escribir, a ver si lo puedo hacer, porque en la teoría parece bárbaro. Tener cintura, pasar de un registro a otro.

PORNOSONETOS
¿Un ejemplo en los Pornosonetos, donde se abraza una sofisticación muy fina con una mundanidad corporal?
Yo lo siento como el lugar en poesía donde me sentí más capaz de llevar a los extremos esto que hablamos. Está el costado clásico y el costado vulgar, grotesco. Yo venía de a poco permitiéndome cruzar esas fronteras, en Consumidor Final me permití meter marcas de productos, pero muy de a poquito, y yo veía que los poetas de los noventa lo había hecho a pleno. Yo venía con mis endecasílabos, mis versos de catorce, de once, alejandrinos, y cómo meter eso ahí, era como una lucha. Además tenía un imaginario de poesía natural, tipo Neruda, Enrique Molina, y de golpe todo lo que me empezó a pasar que es lo que te pasa a partir de los veinte años, empezás a laburar, pagás impuestos, todo eso, y mi imaginario poético no servía más para eso, era inútil. Tuve que empezar a escribir de nuevo, inventar de nuevo una manera de decir. En Consumidor final un poquito lo conseguí. Pero cuando empecé con lo de los sonetos me resultaron como unas cajitas donde yo podía detonar ese choque. Fue una liberación enorme, porque está el verso de once muy pulido (la forma soneto es creo la más rígida de la poesía), una cosa incluso por momentos muy lírica, y de pronto esta cosa si querés vulgar, o tal vez lo actual, o chabacano, o berreta o incluso grosero. Que es una cosa que está dentro mío y nunca le había podido dar curso, por eso una liberación: todo ahí.
Al contrario de lo que se cree, que el soneto te limita, para mí fue una fuerza de salida de mí mismo, no un marco que me encorsetaba. Porque además la forma lo que tiene de raro es que dialoga con vos: vos proponés una cosa y la forma te dice “ah, esto lo podés decir pero así”. Entonces en un momento apareció Uruguay y de pronto me di cuenta de que estaba hablando de una mina que se fue a Uruguay y que escuchaba Jamiroquai. Aparece esa rima ridícula que a mí nunca se me hubiese ocurrido si no fuera porque me la dictó la forma. El surrealismo tiene una parte muy limitadora con la cosa de la escritura espontánea. En esa especie de pampa abierta que es la escritura automática, sin límites, hay una angustia muy grande también, porque nadie te responde nada. No hay eco. Da lo mismo cualquier palabra que otra. Y quedás limitado a vos mismo, a tu inconsciente, que en realidad es una cosa muy repetitiva, obsesiva, no? El inconsciente siempre está pensando lo mismo.
Uno llega a esa pampa abierta y ve al boludo corriéndose en círculos a sí mismo...
Ja, claro, en cambio la forma es mucho más liberadora, la sensación de poder salirte de vos mismo, una puerta de salida, la forma dialoga con vos y, como charlando con alguien, encuentro cosas que de a uno no hubiera pensado.
Bueno, igual ahora lo cerré al ciclo de pornosonetos. A lo mejor en diez años hago un tomo grande, agregando algunos nuevos.
También hay algo muy liberador en el blog, de desahogo muy grande. Cuando uno estaba atrapado en el papel era difícil hacer circular sus cosas, tenías que estar imprimiendo, repartirle a tus amigos, una cosa medio bochornosa, tal vez incomodabas dándoles eso. En el blog lo ponés y el que quiere se mete.

BLOG, INTERNET
Pero no estoy escribiendo poesía. Estoy escribiendo cuentos cortos. No sé si serán para un libro. Hay uno por ejemplo en que el personaje le pide perdón a una chica por algo que escribió en el blog, le dice que nunca se había imaginado que lo leería. ¿Cómo se pasa eso a papel, qué sentido tiene en papel? Ya están escritos para el blog.
Ahí sí se le está dando una entidad mayor al blog, hay una producción específica de ese formato, motiva un tipo de escritura.
Está escrito para eso. El disparador está también en esa especie de calentura performática de que lo escribo y lo muestro. Hay una especie de exhibicionismo si querés.
¿Eso te genera como contrapartida ganas de escribir algo durante un tiempo largo sin mostrarlo?
Sí, me dan ganas de volver a escribir una novela. Pero la novela es un género que no se puede trasladar a internet, por ahora es muy incómodo. Los formatos que hay todavía son muy torpes. Me parece que la publicación inmediata tiene que ver con la ansiedad, hay que ver si yo ahora me podría bancar la ansiedad de acumular textos. El año del desierto me quemó mucho también, un trabajo de tres años, uno escribiendo y dos corrigiendo. Lo disfruté muchísimo, pero fue mi etapa previa a la escritura online. ¿Qué pasa ahora con la escritura online, qué le provoca a la gente estar online todo el tiempo? ¿Qué sucede cuando tu hoja en blanco es todas las cosas que es ahora, tu música, tu correo, tu enciclopedia, tu video, tu televisión, tu pornografía? Todo está ahí invadiendo en eso que antes era la página en blanco. Hay que tener muchas ganas de escribir para apartar todo eso, todo ese entretenimiento, distracción. Cada uno tiene su circuito en internet, primero entrás a un diario, después a un blog, otro diario, una página inesperada, y así, podés pasarte todo el día haciendo eso, y no hiciste nada. Estás online.
Se cumple el mito griego del tipo que no alcanza a la tortuga porque siempre se le interpone llegar al punto medio.
La paradoja de Zenón. Internet es así, siempre hay un link que te distrae de donde querías llegar, estabas por llegar pero nunca llegás. Para mí estamos siendo parte de algo que va a cambiar mucho la forma de escribir. No sé para dónde va, pero para algún lado raro lleva. Y quizá la redacción en blog sea una manera de sobrevivir a esa lectura interrupta.
En principio, según charlamos, lleva a escribir menos novela.
Pareciera, por lo menos a mí. Hay que ver si un blog llevado con cierta regularidad, con personajes reconocibles, no es una novela que se está escribiendo. Hay algo que se está narrando. Sobre todo cuando dicen que la novela, a diferencia de la elegía que hablaba sobre el pasado, es la forma moderna de escribir sobre el presente, no sé, quizá los blogs están hablando sobre el presente, quizá hay un diálogo sobre el presente.
Tampoco funciona mucho lo de trasladar los blogs a papel, he visto algunos blooks y sentía que les faltaba el botón para encenderlos. Imaginate una novela donde una novela empieza cada capítulo con “el taxista recién me dijo...”, como un diario personal, no sirve para el libro.
Ayer escuché un dialoguito muy absurdo en una editorial, de dos empleados que hablaban de sus peceras, que me llevó a una reflexión de lo bien que está escrito el mundo, lo bien que escribe el azar, porque si quisieras escribir un buen diálogo creíble y vivo habría que copiar eso. Y me llevó a un cuento, pero el disparador fue ese comienzo anecdótico y creo que tiene que ver con la estructura del blog, una inmediatez con la experiencia. Y es verdad que eso llevado a libro es una pavada.

EL PASADO Y EL CINISMO EN LA LIT ARG.
¿Tenés relación cotidiana con libros?
Me está costando leer libros largos....
Uh, mirá, yo justo la semana pasada terminé El pasado.
¿Qué te pareció? ¿Es “la última novela argentina”, como dicen? ¿Te gustó?
Si tengo que decir sí o no, digo que no. Tiene muchísimas cosas muy buenas. Pero el contenido espiritual de la novela, la perspectiva de vida con la que me conecta, no me gustó nada: una novela canalla.
¿Canalla? ¿En qué sentido?
En el sentido de que hay personajes (la mayoría) creados sólo para ser ridiculizados, para ser burlados con cinismo.
¿El protagonista también?
No, si llega al patetismo es básicamente como víctima del padecimiento femenino. Hay una desproporción brutal en la conducta masculina y femenina [ver: ¿desproporción definida en el personaje Riltse?]
¿O sea que se trataría de una cosa no tanto formal como de lo temático?
Sí, aunque en varios puntos clave de la trama sentí que ese forzamiento del modo de ser y relacionarse de los personajes llevaba a la novela a romper su propio verosímil. Te pongo un contraejemplo: Tantas noches como sean necesarias, de Ricardo Romero. La humanidad de los personajes está labrada desde una profunda compasión, desde un respeto.
Sí, me acuerdo del cuento de un basquetbolista de no sé dónde que cayó en este país donde las canchas tienen uno sobre otro el trazado de líneas de varios deportes, handball, jockey, básquet. El basquetbolista de los ojos más tristes del mundo. ¿Leíste a Casas? Su prosa digo -aunque también es un gran poeta-, por la ternura con la que muestra ese pasado, medio desapegado a la vez porque tampoco se emboba, pero logra algo muy humano. Es raro encontrar eso: la literatura argentina tiene una carga muy fuerte de cinismo, de esa distancia muy grande con sus personajes. Estoy pensando en la crítica que le hizo Viñas a El Aleph, comparándolo con Nota al pie de Walsh, que tiene un progresivo vuelco a la humanidad del personaje, mientras que Borges, según Viñas, se burla de Daneri, tiene una cosa sobradora. Sería interesante investigar en la literatura argentina cuándo aparece esta línea del cinismo, cómo se expande.


EL AÑO DEL DESIERTO
Cuando te dije por mail que iba por la mitad de El año del desierto... me dijiste: “te declaro exento de leer el resto”. Bueno, me quedé intrigado.
Es el único texto largo que tengo y como decía Fontanarrosa, los escritores que escriben libros muy gruesos hacen abuso de confianza con el lector, por qué creen que el lector tendrá todo ese tiempo disponible para leerlo.
¿La novela explora el extremo de lo imaginable desde el miedo?
Sí, fue exagerar, agarrar la paranoia burguesa y llevarla a un extremo de delirio. Siempre bajo la idea de que las cosas iban hacia atrás en el tiempo. La empresa donde trabaja la protagonista se llama Suárez & Baitos porque Baitos fue el soldado de Pedro de Mendoza que se comió al hermano (evento relatado tanto por Mujica Láinez como por Ulrico Schmidl). Le saqué mucho de lo coloquial a la novela, yo me había copado con toda la minucia de la cotidianeidad de cada época. Mucho también sobre la caída de De la Rúa, que me parecía importante pero creo que Fogwill tuvo parte de razón cuando nos criticó que el 2001 fue importante para nosotros por ser el primer quilombito que vivimos, capaz en diez años se repite.
Pero sí fue un acontecimiento que rompió la idea de que nada pasaba; además es es una decisión triste enfocar en lo inespecífico que todo momento tiene, empobrece la vida, es argumento suicida...
Instaló la idea de que las cosas pueden terminarse, de que todo lo sólido se desvanece en el aire. Las cosas pueden no existir más. En esos días capaz llamabas a una empresa y no existía más.
Pero también me permití muchos delirios, en la medida en que el libro va avanzando y yo me fui desprendiendo de lo histórico, me fui soltando más. Hasta Rosas todavía no pude evitar hacerle a la protagonista decir comentarios tipo “escuché que decían que habían bloqueado el puerto”, ¿qué necesidad tenía yo de poner esas frases? Lo que disfruté mucho también fue transformar los momentos históricos en imágenes, hablar de los soldados de Rosas cuando vuelven de la batalla. Salir del big picture y meterme con cómo le repercutió la historia a ese tipo en el cuerpo. El gran cuadro te asfixia mucho, y yo tenía que hacer pasar todo ese telón de historia argentina por la voz de una mina, a lo largo de un año. Por eso me llevó como dos años corregirla.
Y salió en plena “reactivación”.
Sí, cuando estaban todos hablando de eso. La economía depende mucho de lo que creo que llaman el coeficiente de felicidad. No es tanto la guita que tiene la gente en el bolsillo sino la sensación que tiene de sí se va a caer todo o va a seguir teniendo trabajo el año próximo. Recuerdo en 2002 en mi trabajo se cortó internet y hubo uno que dijo “uy, se acabó para siempre”. Tipo: estuvo bueno, pero no hay más. Toda la ilusión de los noventas derrumbado de golpe.

1 comment:

Pablo Hupert said...

Tenías razón, Valle: es lúcido don Mairal. Te ayudó a hacer una entrevista muy viva, ¿no?.

PH