Wednesday, January 23, 2008

Pablo De Santis

"El policial ha invadido toda la literatura"
Publicado en Debate, Noviembre 2007

En un año donde los escritores argentinos Martín Kohan y Ariel Magnus ganaron respectivamente los premios internacionales Herralde de Novela y La Otra Orilla (organizado por el grupo editorial Norma), Pablo de Santis se alzó con el Premio Planeta. La novela que lo hizo acreedor de doscientos mil dólares es un policial que transcurre parte en Buenos Aires y fundamentalmente en París en el año 1889: a punto de inaugurarse la torre Eiffel y durante la Exposición Universal. Allí se reúne la asociación de detectives más prestigiosa del mundo, para aportar su saber en la muestra total; el integrante argentino, fundador del grupo, no puede ir y en su lugar manda a su joven y nuevo ayudante, quien protagoniza la historia en cuyo curso se transforma en detective. El marco del relato está conformado por la tensión entre modernidad y tradición, entre el romanticismo esotérico y el positivismo. De Santis también traza distintos respaldos teóricos, platonistas y aristotélicos, para las formas de concebir el arte detectivesco -no exento del riesgo de caducidad acarreado por un cambio de época tan drástico-, y enfoca, en lo que propone como la originalidad central de la obra, en los adláteres, la figura del asistente del detective.
¿Qué sensaciones le genera un premio así a un escritor? ¿Más libertad?
Sí, por un lado sí. Pero yo siempre estoy en varias cosas a la vez y pensando en escribir. Lo que me desorganizó un poco mentalmente fue el tema de viajar, estuve meses presentando el libro en Latinoamérica. Acá no es tan frecuente pero en otros países la promoción del libro, que el autor acompañe el lanzamiento, es parte del trabajo.
¿La magnitud del premio ubica a este libro en un lugar preferencial sobre los otros en su perspectiva interna de su obra?
Yo tengo relación con la escritura, trato de no quedar pegado a la suerte, buena o mala, de mis libros. Tengo que seguir pensando en el libro siguiente. Hay gente que prefiere unos libros y gente que otra, nunca encontré consenso absoluto; tal vez en otros autores está más claro cuál es el libro fundamental, pero en mi caso varía mucho según lector.
Esta novela tiene dentro muchas historias, relata muchos casos, ¿es un homenaje al género?
Me planteé el libro con cierta veta “enciclopédica”, que hubiera muchos casos que ilustraran las distintas teorías sobre el hacer detectivesco. Después tuve que balancearla un poco, porque había tantos casos laterales que apartaban la atención de la trama principal.
El narrador también tiene momentos casi filosóficos, ¿esas reflexiones las encuentra en el género o ya forman parte de usted?
Forman parte del humor de la novela. El género permite todo. El policial, que apareció como algo un poco aparte de la literatura, la ha invadido toda, está presente en todas partes. Todos los escritores en algún momento se acercan al policial, el Nobel Coetze, Dostoievsky con Maestro de San Petesburgo, dentro de los ingleses Kazuo Ishiguro, Martín Amis, Julian Barnes, también Paul Auster, además de los grandes escritores de policiales, como James Elroy, que se ha convertido en uno de los grandes escritores de hoy, cuando antes estaba en un lugar un poco aparte.
¿Y hay algo de las formas de estructurar la narración policial que ha invadido incluso géneros no estrictamente policiales?
La idea del enigma estuvo siempre en la literatura. De alguna manera uno lee una historia para descubrir algo que no sabe, que puede ser el final de la historia, puede ser una historia anterior no cerrada. Ya la idea del enigma en la poética de Aristóteles, que habla del reconocimiento, en la tragedia, es el momento en que se sabe la verdad del personaje, que puede ser su identidad, algún secreto. Lo que hace la novela policial es poner en primer plano esta idea del misterio que hay en toda narración. Y le adjudica a un personaje, por lo menos los policiales clásicos, el detective o policía, ser el encargado físico de averiguar el misterio.
¿Ese personaje es el lugar del lector en la novela? En El enigma... sólo en la resolución el detective piensa algo sin avisárselo al lector.
Creo que sí, fijate que en el momento en que oculta algo, ahí es cuando se convierte en detective. Como ocurre en las novelas, uno ve a Sherlock Holmes que expone su razonamiento, pero el razonamiento verdadero, el que va a llegar a la solución del caso, no lo expone hasta el final, para que sea sorpresivo al lector, es algo que corresponde al código del género. Por otra parte, a mí siempre me había llamado la atención cómo se repetía en el género el tema de las parejas, el Watson, los adláteres. El género nace con el personaje de Poe, Dupin, donde a la vez hay un narrador que es amigo de Dupin, en Los Crímenes de la calle morgue lo presenta a Dupin como una especie de aristócrata caído en desgracia y éste se ocupa de darle alojamiento, le permite sobrevivir porque el otro es un genio que no sabe ganarse la vida. Además, el que es un genio, el que tiene el método, ese no escribe, no es el que cuenta las aventuras; el que no sabe es el que escribe, el asistente, que de alguna manera es un compañero del lector. Cuando los detectives aparecen hablando en primera persona, ya no son los genios, son hombres como cualquiera; genios son cuando los cuentan los otros. Yo pienso siempre mucho los argumentos, pero cuando me decido a escribir es porque hay algo más que el argumento, hay un centro, un núcleo que permitirá alimentar continuamente la historia hasta el final. Y en esta novela eso fue la cuestión de los adláteres, su complejo de inferioridad, sus ambiciones, etcétera.
¿Y la ubicación? ¿Qué lo atrajo de París en 1889?
Una novela siempre crea una ilusión espacial, así transcurra en Buenos Aires. Pero ese momento me gustaba por la Exposición Universal, por un lado, y también el tema del esoterismo, al que fui llegando por distintos autores. Los esotéricos se oponían a la construcción de la torre, eso que aparece en la novela era así. Y la torre siempre es un símbolo de centro del mundo.
Es un libro sin modismos argentinos....
Creo que siempre hay un modo de escribir y de hablar argentino.
En la novela dice: “los argentinos estamos condenados geográficamente a hablar demás”.
Sí, pero a la vez, en la escritura, a hablar de menos. El tono de escritura argentino es muy contenido. Comparando con España por ejemplo, nosotros usamos menos palabras. Y a la vez tenemos una especie de pudor ante lo demasiado literario, tratamos de construir siempre los textos sin palabras extremadamente literarias. Por más que sea un lenguaje tan poco coloquial como esta novela, tratamos que las palabras sean de alguna manera un léxico perteneciente al mundo de lo coloquial, nunca vamos a decir cosas como “atisbé por encima de mi hombro”, palabras que están sólo en los libros. Siempre el lenguaje oral está presente, por más que se trate de una novela de este tipo, que intenta eliminar todas las palabras vinculadas con el presente, lo cual es todo un trabajo. Es un poco como el juego de la literatura, uno pone reglas, construye un verosímil y tiene que manejarse dentro de ese mundo, evitar las contradicciones internas, pero siempre la literatura es una construcción ilusoria. Ponerme reglas, límites, me incentiva, no me frena. Por otra parte es lo que me gusta leer.
¿Qué libros fueron los que más le gustaron este año?
Este año me gustó un libro que se llama Jonathan Strange y el señor Morrel, de una escritora inglesa que se llama Susana Clarck. Es literatura fantástica, de dos magos ingleses que reaccionan frente a la amenaza napoleónica. Yo hace unos años que estoy haciendo una especie de enciclopedia de literatura fantástica, entonces leo mucho del género. La organizo por autores y por temas, no por libros. Voy armando borradores, notas. La idea es también analizar las teorías sobre el género, un libro largo.

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