Friday, February 01, 2008

Pablo Ramos

“La literatura es una arbitrariedad bien manejada”
Publicado en Debate, diciembre 2007


Su reciente y aclamada novela, La ley de la ferocidad, retoma la vida del protagonista de la anterior, El origen de la tristeza, así como el estilo inaugurado con los cuentos de Cuando lo peor haya pasado (Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes y del concurso Casa de las Américas de Cuba), pero llevándolo a su extremo: literatura descarnada para relatar la vida suburbana y compartir dolores íntimos.

El padre, el alcohol y las drogas, la “angustia monetaria”, la escritura: principales temas de La ley de la ferocidad, novela con que Ramos (1966) continuó la historia de su predecesora El origen de la tristeza (ambas editadas por Alfaguara, al igual que Cuando lo peor haya pasado). A pesar de tan dolorosos títulos, hoy Ramos revela que en su casa de Paternal vive muy feliz. Quizá no sea a pesar de su tormentosa literatura sino precisamente gracias a haberla escrito: Pablo Ramos hace literatura por necesidad y urgencia. Y le va bien; con un libro de poesía y tres de prosa se perfila como “niño mimado” de las letras vernáculas y en los próximos meses sus libros estarán en librerías de España, Portugal, Francia, Italia, Rusia, Alemania y España.
“Hay mucho trabajo en el lenguaje para que a través del personaje los lectores puedan llegar a mí”, cuenta Ramos. Su alterego, Gabriel Reyes, se crió cerca del Viaducto del Arroyo Sarandi, Avellaneda, de familia humilde y trabajadora. La degradación catalizada a partir de la Dictadura es uno de los orígenes de la tristeza que, veinte años después –en La ley...- aún lo consume, corporizada en alcohol y cocaína, cuando, habiéndose enriquecido lejos del barrio, vuelve a los pagos a transitar el infierno de la muerte del padre. La literatura: un cross a la mandíbula.
Los títulos de algunos capítulos refieren a su contenido, pero otros al momento de su escritura (por ejemplo Escrito en la máquina de tinta roja un año después de la muerte de mi padre).
¿La historia de la novela es la del largo velorio del padre, o el proceso no narrado de conversión del personaje en escritor?
Ese es el libro. Esa es la historia no contada detrás de la historia contada. Si una novela no tiene una historia detrás de la historia, no interesa, no sirve para nada. El secreto del libro está cristalizado en ese pequeño párrafo sobre el hombre que lo vive y el hombre que lo escribe; algo así como: el hombre que lo vive no es el hombre que lo escribe pero va a empezar a transformarse en él cuando empiece a escribir, y va a transformarse en él cuando acabe de escribir, por el hecho de escribir. Yo soy el hombre que escribe pero aún no lo sabía, y ahí vuelvo para atrás a la historia que se cuenta. Yo creo profundamente en la ficción. Reorganizar la realidad y agregarle las mentiras necesarias. Para lograr que el lector sienta lo que vos sentiste (que es el objetivo: la comunicación plena), tenés que mentir. Porque vos no viviste un hecho real, registraste la vivencia de un hecho real, que es absolutamente distinto. No creo en las ideas literarias, creo en construcción de personajes, y el personaje construye la trama; la forma literaria construida desde el personaje hacia fuera. Al revés es muy posible que tu personaje sea una figurita recortada de cartón, que no tenga hondura emotiva. El personaje de El origen.. y La ley..., Gabriel Reyes, está construido adrede para que los lectores lleguen a mí a través suyo, que no es lo mismo que ser yo. Hay que tener mucho cuidado, es difícil escribir así, por eso hay tantas cagadas, tantos tipos que quieren imitar a Carver y sale cualquier cosa; cualquier circunstancia la convierten en un cuento.
A usted lo comparan bastante con Carver a pesar de que esta novela examina con lupa el interior de la mente del personaje...
Es que hay una incapacidad de poder leer sin pensar en nada, lo mismo otros que decían que era el continuador de Arlt; primero que Arlt no tiene continuador porque era un genio, y segundo que yo no tengo por qué cargar con el karma de continuar a nadie. Por supuesto que los tengo leídos y releídos, pero si yo tuviera que elegir una influencia te aseguro que es de John Cheever más que de Carver. También hay mucha influencia en Gabriel Reyes de los personajes de los cuentos de Salinger, que me permiten despreocuparme de la arbitrariedad. Con Salinger aprendí que al literatura es una arbitrariedad bien manejada.
Calificarlo de “continuador” es perder de vista que usted con pocos libros armó fuertemente una figura de autor, ¿no?
Es suficiente un cuento para armar un autor. El ejemplo es Rulfo.
Justo Aira hace poco señaló lo mismo de Rulfo pero como crítica negativa.
Aira no tiene vergüenza. Un tipo que tiene un talento enorme pero prácticamente promociona la idea de primero publicar y después escribir... Esta moda de hacer cuentos que no cuentan nada se la debemos a él. ¿Cómo va a hablar así de Rulfo, no lo leyó? ¿Lo leyó mal? ¿Qué importa cuántos libros? ¿Entonces Borges no era escritor porque no escribió una novela? ¿Sabés lo que pasa?, está recontra tomado por el capitalismo, un tipo que escribe una novela cada tres meses. Yo escribí muchísimo más que lo que publiqué. Sé que La ley... va a tener críticas muy buenas y también adversas, porque es un libro muy jugado, apunté muy arriba. Escribir cuentos como los de Cuando lo peor haya pasado (que eran como ensayos de La ley...) o una novela redondita como El origen... podría hacer muchísimos, tengo veinte mil anécdotas para desarrollar en forma de novela, pero no lo soporto, yo soy un artista antes que ser un escritor.
¿Y ahora qué está tramando?
Estoy escribiendo una crónica de adictos en recuperación, novelada, que se llamará Hasta que puedas quererte solo. Es algo que me dijo una vez un tipo, cuando yo iba a los grupos, llegaba siempre mamado, y él me dijo vos vení que acá te vamos a querer hasta que puedas quererte solo.
¡Qué buena gente!
Sí, lo de Alcohólicos Anónimos es bárbaro. Yo iba a la casa de un tipo, lo llamaba a las dos de la mañana y le decía loco no puedo más, ya me compré una botella, él me preguntaba dónde estaba y si tenía para el taxi, me invitaba a visitarlo, vivía en una pensión, yo llegaba y ya estaba con la olla para hacer fideos, queso y dulce, y mientras la mujer dormía él se quedaba hasta las cinco de la mañana hablando conmigo. Cuando empecé a recuperarme empezó a irme muy bien económicamente, y en todo sentido, y este tipo me decía: yo lo único que logré en la vida es dejar de tomar. Necesito escribirle un homenaje a esos tipos. Y yo escribo así: cuando algo es un imperativo.
¿Eso está vinculado a la edad en la que empezó a escribir?
Sí, empecé a escribir en serio a los 33 y ya tenía una vida vivida. Es importante haber vivido para contar algo, aunque sea un cuento fantástico, por el peso de la vida, la manera en la cual fuiste asimilando la vida, y cuando digo la vida me refiero a los golpes, porque la felicidad son momentos que se viven y se esfuman, hacer el amor, estar con una chica, comer un asado con amigos, es hermoso porque no genera una consecuencia, es un sólo por hoy precioso. Pero la vida que vas acumulando tiene que ver con el fracaso, con los golpes, el dolor, que después se asimila y te va dando una perspectiva. Cualquier personaje que vos generes, desde un personaje del realismo hasta un hobbit del Señor de los anillos, tiene una carga de vida, ¿no?, por ejemplo, un hobbit tiene una gran elaboración sobre los placeres, del amor, de la familia, del tabaco; Tolkien decía que él era un hobbit. Y fijate vos en la película lo que es la transformación de esos hobbits...cuando a mí me hablan de autobiográfico... fijate que una aventura muy dolorosa los convirtió en seres mucho más interesantes. Una aventura donde casi perdieron todo, el alma, haber llegado a la oscuridad, a un infierno propio, su propia codicia. Por eso yo creo que toda gran aventura, toda gran novela, es una aventura moral. Porque la vida es una aventura moral. Y si no viviste la vida, si no tuviste la oportunidad de pecar, muy difícilmente puedas construir una aventura moral.

2 comments:

Jan said...

Perdón, olvidé mencionar esta entrevista. Viví toda mi vida cerca del viaducto de Sarandí, y me emociona este escritor.

Salut!

Anonymous said...

Ramos está sobrevalorado.
Está convencido que es un genio y solamente es uno de los pocos tipos que tomó la decisión de escribir con regularidad y constancia. Ese es su mérito, probablemente el único.